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Intervención del portavoz parlamentario del PSdeG-PSOE, Abel Losada Álvarez, en la Solemne sesión conmemorativa del XXX aniversario del Parlamento de Galicia

Sra. Presidenta. Señor Presidente de la Xunta de Galicia, miembros del Gobierno, anteriores presidentes del Parlamento de Galicia y de la Xunta de Galicia, diputados y diputadas,  autoridades y convidados que nos acompañan.
Señorías,
Me permitan que les hable desde la honda emoción, respeto y afecto que los socialistas gallegos sentimos por el Parlamento de Galicia y nuestro Estatuto de Autonomía. Tal y como corresponde al único partido que estuvo en todos los procesos de elaboración y consolidación del marco que hoy rige nuestro autogobierno, en el difícil año de 1936 y en el año 1981.
Aunque corresponde a la propia ciudadanía gallega la principal felicitación en el día de hoy, quiero dejar testigo de nuestro agradecimiento a los compañeros y compañeras, con independencia de su ideología o partido, que formaron parte de este hemiciclo, y especialmente a aquellos que ya no están con nosotros. 
Había querido que esta referencia a los que nos precedieron sea excluida de cualquiera pose maniquea, y sólo sea vista como un intento de poner el énfasis sobre el valor de contar con 30 años de Parlamento de Galicia.
Sobre lo que significa en términos de consolidación de la convivencia democrática de este país, del que tenemos que sentir orgullosos, y que alejó de nuestras conciencias fantasma omnipresentes en los anteriores intentos de democratización de Galicia y de España.
Hoy, quizás, los monstruos que amenazan este preciado logro se esconden en otros parajes, como es el boquete, cada vez mayor, entre la economía, la política y la ciudadanía.
Así, mientras los partidos nos lamentamos del escaso interés y de la falta de participación de la ciudadanía en la toma de decisiones, los cuestan dar respuestas e incorporar nuevas maneras de interrelación entre la política y la sociedad.
En la época en que los cambios se producen globalmente y la un ritmo más vertiginoso que nunca, los políticos tenemos que superar los problemas de compatibilidad con una sociedad cada vez más informada e interconectada. 
Como diputados y diputadas, tiene que ser nuestra principal preocupación y responsabilidad, la aproximación entre ciudadanía y representantes. Esta es la base irrenunciable de cualquiera parlamento democrático, por lo tanto, el objetivo principal de los que hoy por hoy aquí estamos.
Señorías,
El Parlamento constituye la institución central de nuestro sistema político. El emblema de nuestro autogobierno. Un bien nacional que certifica la capacidad de la ciudadanía para dotarse de normas de convivencia, y que implica la responsabilidad de los gallegos y de las gallegas en la construcción de su futuro.
A lo largo de estos treinta años esta institución tiene pasado por diferentes avatares. A fe que que sería difícil conseguir un consenso en la propia Cámara sobre los momentos de su mayor o menor esplendor institucional.
De todas formas, parece innegable que un comienzo confuso dio paso a un período de sometimiento a la excesiva dependencia del Ejecutivo, por mor de la configuración de la Cámara, de las mayorías absolutas que se produjeron en ella por voluntad de la ciudadanía.
Los socialistas apostamos por un Parlamento fuerte y dinámico. Y fijemos todo lo que estuvo en nuestra mano cuando la correlación de fuerzas parlamentarias nos lo permitió.
Suministramos un talante nuevo, favorecedor del diálogo y el consenso en la Cámara. Convertimos en habituales las comparecencias del presidente de la Xunta, Emilio Pérez Touriño en las sesiones plenarias, permitiendo un control más eficaz de la acción del gobierno por parte del legislativo.
Situamos la igualdad de género como un elemento central de nuestras políticas, y propusimos la primera presidenta de esta Cámara, Dolores Villarino.
Quiero reivindicar también el esfuerzo que llevamos a cabo en la adaptación a los nuevos tiempos de las instituciones y de los instrumentos para la mejora de la gobernanza, estableciendo canales de diálogo en la búsqueda de la reforma del Estatuto de Autonomía.
Lamentamos no haber conseguido una respuesta positiva y suficiente para llevar a cabo esta tarea pendiente.
Puede que el nuevo marco competencial que entonces se proponía, lo echemos de menos hoy, a la hora de afrontar una situación económica y social, que todos reconocemos como muy complicada.
Señorías,
Parlamento y Estatuto. Estas son las herramientas políticas para encarar el futuro.
Durante los últimos treinta años sirvieron para mejorar las condiciones de vida de los gallegos y de las gallegas, y para afianzar la conciencia de país.
El autogobierno dejó de ser patrimonio de minorías para ser interiorizado por la ciudadanía, hasta tal punto que hoy nadie entendería Galicia sin sus instituciones.
Fue en el marco de estas que, entre todos y todas, tanto los que residimos en Galicia, como aquellos que se vieron obligados a construir sus proyectos de vida fuera de nuestras fronteras, logramos el mayor período de crecimiento y de convergencia con los territorios de nuestra entorno.
Brotaron nuevas oportunidades de desarrollo a un lado de infraestructuras que van saldando, en la medida del posible, una deuda histórica con nuestra tierra. La última en términos cronológicos, el tren de alta velocidad.
Y en este sentido, señorías, me permitan que haciendo uso de la palabra en el turno de mi grupo, señale la consecución de estos avances, no sólo en el campo económico y de las infraestructuras, sino de manera especial, y conjuntamente con resto de las comunidades autónomas, en el ámbito de la educación, de la sanidad y del bienestar.
Coincide con esta celebración a apertura de una nueva jornada, en la que una fuerza política va a gobernar en casi todos los ámbitos de la administración, estatal, autonómica y buena parte de la municipal; dando, de manera histórica, una responsabilidad especial a uno solo partido.
Se trata del fruto de la decisión soberana de la ciudadanía y, por lo tanto, merece nuestro respeto. Pero entraña una serie de riesgos que, en virtud de la no menos respetable y defendible labor de un partido con vocación de gobierno, debemos señalar.
Galicia y España vivieron un proceso de modernización y de apertura hacia Europa de enorme magnitud nos últimos treinta años.
Se pusieron las bases del Estado del bienestar, se creó el Sistema Nacional de Salud, la educación, pública, universal y gratuita, las pensiones no contributivas, el reconocimiento y la extensión de derechos civiles y la atención a dependencia...
En definitiva, un compendio de logros que constituyen el patrimonio y la señal de la sociedad, que a lo largo de estos años, contribuimos entre todos a crear.
La crisis económico-financiera sitúa en una encrucijada estos avances.
Algunos logros en materia de derechos universales que considerabámos inalterables, intocables, se sitúan de la noche a la mañana en riesgo de supervivencia.
Las prestaciones por desempleo, en un momento de paro alarmante que tanto afecta a la vida y a las expectativas de las personas y de las familias, la atención médica, la educación, están en riesgo como derechos universales y gratuitos.
Los preocupan cuándo escuchamos medidas que empiezan a dibujar distinciones entre ciudadanos de primera y de segunda para la prestación de servicios médicos, incluso a poner en entredicho el derecho constitucional a la asistencia, a través de extrañas interpretaciones del acceso al sistema público de salud.
Se debe salir de la crisis anteponiendo estos derechos la otros intereses, que semejan más próximos a los de los poder económicos y financieros que a los de los ciudadanos.
Aparte de los riesgos que se cernen sobre estos derechos, había querido llamar su atención sobre las consecuencias derivadas de la gestión discutible de un recurso estratégico para ayudarnos a salir de la crisis.
Estoy hablando de la amenaza de recorte nos avances que se han conseguido en materia de autogobierno. Apelo, en este señalado día, al recuerdo de los pilares de esta institución legislativa y sus particulares dificultades de inicio.
Apelo a la memoria de sus primeros moradores, que lucharon para conquistar para Galicia la capacidad de decisión política propia, reflejada en un poder legislativo, y no meramente administrativo, con un elevado techo competencial.
En los no vamos a aceptar ni por asomo tentaciones recentralizadoras.
Apelo también a las palabras de Ramón Piñeiro cuando manifestaba que, “para conseguir nuestro cuerpo social será precisa una teimosa e intensa acción reformadora y renovada, que modifique la estruturación administrativa, económica y cultural de nuestro país... En la misma medida en que arraíce y se extienda nuestra vida cultural, se extenderá y arraizará nuestra conciencia colectiva de pueblo, con personalidad de por sí, con voluntad de desarrollarla.
En esta conciencia honda y firme del propio ser, es donde radica verdaderamente el destino histórico del pueblo gallego. Sin eso, valdrían de bien poco todas las estructuras institucionales que se le pudieran ofrecer como solución a sus problemas”.
Nosotros, esperamos que todas las fuerzas políticas estemos juntas para afianzar el entramado institucional propio de Galicia, para reforzar el papel de este Parlamento y para afondar en nuestra capacidad de autogobierno.
En definitiva, para defender un criterio claro, nadie conoce nuestros problemas mejor que nosotros mismos, y nadie va  a encontrar mejores soluciones para ellos.
Por que, como dijo Castelao, “Todo se le puede negar a Galicia, menos su cordura, su anceio autonómico y su voluntad federalista”.
Había querido, para finalizar, retrotraerme a los comienzos.
En los 75 años del Estatuto de Autonomía de 1936, quiero hablar de la MEMORIA con mayúsculas, para recordar a los que dejaron la vida, o sufrieron el exilio o la cadena, por defender un gobierno de por sí para Galicia.
A ellos les pido inspiración para todos nosotros, en el desempeño de la noble tarea que el pueblo nos encomendó. Y a fe que que encontraremos en sus sabias palabras, elementos para avanzar en nuestra autonomía, para ser dueños de nuestro futuro. 
El tiempo va agotado. Mis mejores deseos para esta Cámara, con la esperanza de que me los sea dignos depositarios de la sabiduría vertida por otros antes que nosotros, y sepamos emplear con dignidad nuestros escaños como instrumentos para la construcción de un futuro mejor para la sociedad gallega.
Muchas gracias.
    
 

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