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Intervención de la presidenta del Parlamento, Pilar Rojo Noguera, en la Solemne sesión conmemorativa del XXX aniversario del Parlamento de Galicia

INTERVENCIÓN DE La PRESIDENTA DEL PARLAMENTO EN La SOLEMNE SESIÓN CONMEMORATIVA DEL XXX ANIVERSARIO
19 de diciembre de 2011, 12.30h

Presidente de la Xunta de Galicia,
Miembros del Gobierno,
Señoras y señores diputados,
Ex- Presidentes de la Xunta de Galicia:
- D. Gerardo Fernández Albor
- D. Fernando González Laxe
- D. Emilio Pérez Touriño
Ex- Presidentes del Parlamento de Galicia:
- D. Tomás Pérez Vidal
- D. José Mª García Finca
- Dª Dolores Villarino Santiago
Delegado del Gobierno,
Ex- diputados/as del Parlamento de Galicia,
Autoridades y representaciones,
Señoras y señores,
Gallaecia fulget, “Brilla Galicia”.
Esta expresión, escrita por Álvaro de Cadaval en el 1544, se encuentra en la inscripción que rodea al claustro del Colegio compostelano de Santiago Alfeo, erigido por Alonso III de Fonseca para darles estabilidad a los estudios creados a finales del siglo XV. Era el annus mirabilis de 1495, cuando el mundo estaba mudando y Galicia ya no era a fin de la tierra, sino uno de los centros de atracción del orbe católico.
Hoy, en la conmemoración del trigésimo aniversario del Parlamento de Galicia, podemos decir igualmente Gallaecia fulget, “brilla Galicia”, en este intenso y azaroso siglo XXI. Y brilla, en parte, gracias a su Parlamento, que con orgullo, humildad y emoción me honro en presidir. Un brillo de modernidad que mira para el futuro sin olvidar estas tres décadas de su historia, montones de convivencia y progreso desde aquella sesión inaugural del 19 de diciembre de 1981. En ella, el presidente de la Xunta Quiroga Suárez afirmaba que estaban escribiendo un “singular y solemne acto” en la “grande historia de Galicia”, y se mostraba esperanzado y optimista. “ES grande el desafío y larga la obra”, decía. No le faltó razón. También el presidente de la Cámara allí elegido, Antonio Rosón, apelaba a la responsabilidad, asumida con un espíritu noble y generoso. Era una época de grande ilusión, pero también de ciertas desconfianzas y dudas ante la necesidad de asentar las instituciones del Estatuto aprobado ese mismo año. Estábamos al inicio de la andadura de la autonomía, que posibilitó la existencia del órgano parlamentario, pero que también se alimentó del mismo cobrando sentido político gracias precisamente a él. Así, Parlamento y autonomía vivieron y viven paralelos como conceptos interdependentes, necesitándose mutuamente.
La desconfianza pronto quedó atrás, de suerte que se puede afirmar, sin dudas, que estos treinta años fueron los de mayor desarrollo de la historia de Galicia. El Parlamento comandó tal avance gracias al esfuerzo de sus diputados y diputadas, que supieron comprender su época y construir puentes entre la tradición y la modernidad, otorgándole la esta Cámara a centralidad que le corresponde en el conjunto del sistema. Debo, por eso, manifestar mi sentimiento de homenaje para todos ellos, sobre todo para los que ya no están entre nosotros, aunque su recuerdo siempre permanecerá latente.
Esta conmemoración es prueba de la consolidación de nuestra autonomía y de la evolución de su autogobierno, posible, en gran parte, por mor del afianzamiento competencial. Y todo esto desde la lealtad a la Constitución y la solidaridad con el resto de territorios. Son casi ocho legislaturas en las que se construyó, y se está construyendo, bajo a éxida de esta Cámara, el ordenamiento jurídico de Galicia, concretándose, diera manera, el sentido de la dicha autonomía política. La vitalidad de este poder legislativo permitió regular un amplio abanico de sectores materiales que traducen nuestro elenco competencial.
El tiempo transcurrido le dio al Parlamento una dimensión institucional que le permite ser icono del poder público gallego; le añadió un aspecto garantista al aparecer como instrumento para acercar las inquietudes de la ciudadanía; reforzó la función representativa, propia del genoma democrático; y le proporcionó un papel simbólico de las esencias de la tierra de Breogán. Este órgano convirtió en cotidiana la experiencia democrática y xerminou un poderoso cuerpo normativo para crear la arquitectura de la Comunidad Autónoma en las márgenes del predio constitucional, muchas veces desde el consenso y la unanimidad. En el pazo del Hórreo, y antes en el pazo de Fonseca y en el de Xelmírez, adquirieron sentido innumerables iniciativas de mejora de la vida de nuestros conciudadanos. Podría decirse que el Parlamento supo nutrirse de la realidad de su época.
De este modo, nos encontramos en una Cámara plenamente consolidada, que intentó asentarse en la búsqueda de la excelencia y que se convirtió en el eje básico para la conformación de la opinión pública gallega. Este poder legislativo mostró un alto rendimiento institucional comprometido en todo momento con los valores democráticos y con las libertades públicas.
La Cámara asumió una función simbólica de justificación del sistema, lo que le permitió la este último dotarse de una elevada estabilidad. De este modo este Parlamento logró contribuir a la identidad colectiva asumiendo un fuerte referente político en continua interactuación con su comunidad.
En el decorrer disteis años se fue complicando progresivamente el funcionamiento del sistema público en un giro irreversible hacia una realidad multinivel y una gobernanza interinstitucional. Fuimos quien de dar respuesta la estos cambios de tanta relevancia para el desarrollo de la Comunidad Autónoma. El Parlamento de Galicia asumió protagonismo, por momentos destacado, en distintos foros de estudio y debate de esta gobernanza multinivel, buscando la necesaria implicación en los procesos de toma de decisiones, en especial la escala europea.
Esta creciente complejidad de la vida pública también nos obligó a iniciar, primero, y luego profundizar, en diversos mecanismos de ciberdemocracia, que están sirviendo para dinamizar la vida parlamentaria, sus funciones y sus valores. La implementación disteis instrumentos digitales se produce en varias fases, progresivamente, con objeto de ir consiguiendo los adecuados resultados sinérxicos. De todos modos, no olvidamos que se trata de medios instrumentales, no de fines en sí mismos. La esencia de la democracia sigue a ser su sustrato axiolóxico de libertad, pluralismo y participación.
Martín Códax, el trovador medieval, recogía en sus cantigas, a veces trémulo, a veces enamorado, las excelencias de las relaciones personales en la tierra atlántica. El Parlamento mantuvo con el pueblo de Galicia una relación de pasión que bien nos gustaría reflejar en estas composiciones poéticas ya universales. La irreversibilidade del tiempo no lo posibilita, aunque el diálogo, la transparencia y la justicia nos permitirán vislumbrar este intento de dejar huella en la mejora de la vida colectiva. La cohesión y la solidaridad serán los baluartes para conseguir nuevas efemérides como la que ahora celebramos. Animo a todos la no rebajar esta pasión y a trabajar a destajo y con ilusión para seguir ofreciéndole los mejores frutos la esta tierra a la que nos debemos.
Las fortalezas de estos treinta años son una enseñanza para la labor del presente. Gratitud, por eso, para con todos aquellos y aquellas que nos precedieron y que supieron dar ejemplo con su trabajo y compromiso. Las debilidades de estos treinta años servirán para corregir los errores y mejorar las elevadas posibilidades de las funciones parlamentarias. Este es nuestro deseo de mejora continua.
En esta época de crisis y de aparición de nuevas legitimidades, conmemoramos esta fecha con la determinación de afianzar la dimensión de servicio público de la labor parlamentaria reivindicando su esencia democrática, libre, representativa y tolerante. De este modo, estas tres décadas ayudan a afrontar, desde el valor de la experiencia, tales riesgos y amenazas en la búsqueda del adecuado rol en la escalada reciente de nuevas formas de identificación y representación ciudadana. Esta tarea es ímproba, pero nuestra determinación poderosa para mantener la cercanía con el pueblo ofreciéndole canales multidireccionais de acceso, opinión y reivindicación. Como representantes del cuerpo electoral asumimos la permanente necesidad de actualización con rigor profesional y con ansía de aprendizaje permanente. Solamente así fomentaremos la confianza de la ciudadanía en todos nosotros.
No cabe duda de que vivimos en una época difícil para los sistemas políticos, sometidos a tensiones y desajustes ante demandas de todo tipo. La sociedad actual es una sociedad exigente, formada, que reclama de los poderes públicos continuas respuestas. Como ya dije en otra ocasión, estos desafíos pueden ser solucionados con un parlamento dinámico, ágil y moderno, que responda desde la calidad de su trabajo la esta situación en la que la representación se encuentra dispersa y fragmentada. El acercamiento a la ciudadanía será garantía de éxito en esta elevada faena que nos encomendó el cuerpo electoral, en la búsqueda de un diálogo continuo y fluido. Esta es la única vía para que el proceso de toma de decisiones sea justo y adecuado a la realidad del presente. También la transparencia debe acompañarnos en nuestras tareas para lograr niveles más altos de confianza, corresponsabilidad y participación.
Las funciones parlamentarias se ejercieron de manera eficaz estos treinta años. No obstante, en el día de hoy es precisa su actualización con base en una nueva lexitimación material asentada en el correcto cumplimiento de ellas. La función representativa necesita que el Parlamento sea el verdadero foro global de encuentro que congrega con objetividad a pluralidad colectiva. Pola su vez, la función legislativa debe apostar por las ideas citadas de transparencia y cercanía a los ciudadanos. Y la función de control tiene que ser porosa con las modalidades atípicas y difusas de tal control. De este modo, lograremos legitimarnos por razón de nuestra actividad. El recurso a las tecnologías los darán posibilidades antes inexistentes para dinamizar la participación y captar algunos de los esquemas poliédricos del pluralismo de este siglo.
Señorías, un acto como lo de hoy afianza nuestra voluntad de trabajar intensamente en beneficio de Galicia y alimenta las fuerzas para hacer del Parlamento el faro que alumbre el camino de nuestra comunidad y el espejo que refleje las virtudes de nuestro pueblo.
Brilla Galicia, y su Parlamento está de fiesta. Enhorabuenas a todos las gallegas y gallegos.
Muchas gracias.
 

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